Por: Luisa Fernanda Castaño
Con la visita de Rodrigo Rivera Salazar, gerente político de la campaña presidencial de Juan Manuel Santos, a los diferentes institutos técnicos y tecnológicos de Medellín, no me queda la menor duda que “a un líder se reemplaza con un súper equipo” como el mismo lo aseguró.
Rivera columnista por pasión y político por profesión, fue el promotor del “Acuerdo Nacional contra el Terrorismo, por la Vida y las Libertades”, como respuesta a los atentados del Club El Nogal de Bogotá, convocatoria que logró el consenso en abril de 2003, del partido liberal, conservador, uribista y el Polo Democrático.
Con su labor de fortalecer a los partidos, ahora dentro de la campaña, Rivera dijo que Juan Manuel Santos dará coherencia a los principios implementados por el actual Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez y así, ratificará la Unidad que el mismo candidato Santos quiere y que todos los partidos son y serán bienvenidos para lograr que este país trascienda de la Seguridad Democrática hacia la Prosperidad Democrática.
domingo, 16 de mayo de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
TRANSPARENCIA
Por Rafael Nieto Loaiza
La unión de Mockus y Fajardo le puso picante a la campaña. Noemí debe tener pesadillas con la dupla de ex alcaldes.
Tiene razón para preocuparse. Tras pocos días de las parlamentarias, cuando parecía muy sólida, escribí que si no conseguía la unidad del conservatismo, enredaría su tiquete a la segunda vuelta. Hoy sostengo que le hará falta un milagro.
Si tuviera los dos millones trescientos mil votos del conservatismo en las parlamentarias, Noemí estaría en condiciones de disputarle a Mockus el paso a la ronda final. Pero sin los goditos que están con Santos, le será casi imposible. Además, su tragedia es doble: aquellos no conservadores que estaban con ella porque parecía la alternativa viable frente a el uribismo y la continuidad, se irán moviendo, cada vez más rápidamente, hacia Antanas. Ahora es él quien encarna la opción real para disputarle al uribismo la Presidencia. Con la Sanín de tercera en la carrera, no tienen motivo para acompañarla. Y en la medida en que siga descolgada en las encuestas, los conservadores que todavía le quedan empezarán a buscar el alero de Santos. Noemí se verá erosionada por ambos costados y corre el riesgo de derrumbarse.
Dije también que si Mockus convencía a Fajardo de ser su vicepresidente, “harían una fórmula muy atractiva”. Y no sólo porque se complementan muy bien en los centros urbanos más importantes del país, o por su imagen de independientes, sino, también, porque juntos se muestran como una seria opción de poder y han empezado a atraer a los antiuribistas y a quienes sin serlo buscan renovación política.
El discurso de legitimidad, legalidad y transparencia es muy llamativo y puede traer a las urnas a abstencionistas tradicionales. Si lo consiguen en un número importante y si el eje de la campaña se mueve a la lucha contra la corrupción, Mockus y Fajardo podrían tener éxito.
No será sencillo, sin embargo, y tienen que tener cuidado. Los resbalones están a la orden del día. A mi, por ejemplo, me cayeron muy mal las declaraciones de Peñalosa y Mockus en las que anunciaban que el Partido Verde “renunciaba” a 4.500 millones de pesos a que tenía “derecho” por reposición de los votos que sacaron en la consulta.
Todo ahí es mentira. Ni tienen ese “derecho” ni “renunciaron” a nada. La reposición, es eso ,“reemplazar lo que se ha sacado de alguna parte”. Es decir, la reposición sólo cubre los gastos reales de las campañas, con el tope de una suma fija por cada voto obtenido. Pero si los gastos de campaña son menores a ese tope, la reposición sólo cubre esos gastos y ni un peso más. No tienen pues “derecho” alguno a los millones que dijeron y no “renunciaron” a nada porque no se puede renunciar a lo que no se tiene.
¿Una “hábil” estrategia de campaña? No lo se. Lo que sí se es que Antanas sabía perfectamente que no tenía ese derecho y que no estaba renunciando al mismo. Hace unos años, demandó a la Nación para que le entregaran el máximo dinero posible por reposición. Su campaña fue muy barata y consideraba que el resto de la plata era suyo. El Consejo de Estado negó sus pretensiones y advirtió que sólo se repondría lo que había gastado y punto. Entonces a Mockus le parecía ético que le entregaran todo el dinero.
De manera que el anuncio de la “renuncia” fue todo menos un acto transparente. A fe que picaron muchos. ¡Hay que ver cuantos aplausos inocentes han recibido por la propaganda!
La unión de Mockus y Fajardo le puso picante a la campaña. Noemí debe tener pesadillas con la dupla de ex alcaldes.
Tiene razón para preocuparse. Tras pocos días de las parlamentarias, cuando parecía muy sólida, escribí que si no conseguía la unidad del conservatismo, enredaría su tiquete a la segunda vuelta. Hoy sostengo que le hará falta un milagro.
Si tuviera los dos millones trescientos mil votos del conservatismo en las parlamentarias, Noemí estaría en condiciones de disputarle a Mockus el paso a la ronda final. Pero sin los goditos que están con Santos, le será casi imposible. Además, su tragedia es doble: aquellos no conservadores que estaban con ella porque parecía la alternativa viable frente a el uribismo y la continuidad, se irán moviendo, cada vez más rápidamente, hacia Antanas. Ahora es él quien encarna la opción real para disputarle al uribismo la Presidencia. Con la Sanín de tercera en la carrera, no tienen motivo para acompañarla. Y en la medida en que siga descolgada en las encuestas, los conservadores que todavía le quedan empezarán a buscar el alero de Santos. Noemí se verá erosionada por ambos costados y corre el riesgo de derrumbarse.
Dije también que si Mockus convencía a Fajardo de ser su vicepresidente, “harían una fórmula muy atractiva”. Y no sólo porque se complementan muy bien en los centros urbanos más importantes del país, o por su imagen de independientes, sino, también, porque juntos se muestran como una seria opción de poder y han empezado a atraer a los antiuribistas y a quienes sin serlo buscan renovación política.
El discurso de legitimidad, legalidad y transparencia es muy llamativo y puede traer a las urnas a abstencionistas tradicionales. Si lo consiguen en un número importante y si el eje de la campaña se mueve a la lucha contra la corrupción, Mockus y Fajardo podrían tener éxito.
No será sencillo, sin embargo, y tienen que tener cuidado. Los resbalones están a la orden del día. A mi, por ejemplo, me cayeron muy mal las declaraciones de Peñalosa y Mockus en las que anunciaban que el Partido Verde “renunciaba” a 4.500 millones de pesos a que tenía “derecho” por reposición de los votos que sacaron en la consulta.
Todo ahí es mentira. Ni tienen ese “derecho” ni “renunciaron” a nada. La reposición, es eso ,“reemplazar lo que se ha sacado de alguna parte”. Es decir, la reposición sólo cubre los gastos reales de las campañas, con el tope de una suma fija por cada voto obtenido. Pero si los gastos de campaña son menores a ese tope, la reposición sólo cubre esos gastos y ni un peso más. No tienen pues “derecho” alguno a los millones que dijeron y no “renunciaron” a nada porque no se puede renunciar a lo que no se tiene.
¿Una “hábil” estrategia de campaña? No lo se. Lo que sí se es que Antanas sabía perfectamente que no tenía ese derecho y que no estaba renunciando al mismo. Hace unos años, demandó a la Nación para que le entregaran el máximo dinero posible por reposición. Su campaña fue muy barata y consideraba que el resto de la plata era suyo. El Consejo de Estado negó sus pretensiones y advirtió que sólo se repondría lo que había gastado y punto. Entonces a Mockus le parecía ético que le entregaran todo el dinero.
De manera que el anuncio de la “renuncia” fue todo menos un acto transparente. A fe que picaron muchos. ¡Hay que ver cuantos aplausos inocentes han recibido por la propaganda!
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Sergio Fajardo
miércoles, 24 de marzo de 2010
¿Santos y…?
Por Rafael Nieto Loaiza
El partidor de la carrera presidencial está listo. Será una competencia muy reñida e incierta. De lo que no hay duda es de que habrá segunda vuelta.
Santos inicia con ventaja. Primero porque la derrota de Arias le despeja el camino simbólico: será el único candidato que la gente identifique sin ambigüedades con el presidente Uribe en un país que, como quedó probado el domingo, tiene una amplia mayoría uribista. Después, porque encabeza con holgura las encuestas y en ellas dobla a sus inmediatos competidores. Finalmente, por que empieza con una base inicial de tres millones de votos de la U en el Congreso, 28 senadores y 49 representantes. Si no se equivoca en materia grave, Santos tendrá la votación más alta en la primera vuelta.
La incógnita está en quién lo acompaña a la segunda. Las encuestas mostraban un triple empate entre Fajardo, Petro y Vargas Lleras. Fajardo, que parecía el más fuerte entre ellos, está desdibujado. La estruendosa derrota de su movimiento lo deja mal parado. Su discurso de “ni uribista ni antiuribista” ya no dice nada y no se le conocen planteamientos con los que la ciudadanía pueda identificarse. Y Mockus y los verdes le harán mella, no sólo porque ahora se presentan como una alternativa más atractiva para los independientes y el voto de opinión, sino porque le pusieron un techo a sus aspiraciones en Bogotá, bastión del voto libre. Fajardo, pues, está liquidado.
Petro era otro que se mostraba como alternativa. Sin embargo, la derrota del Polo hace ocho días, cuando perdió la tercera parte de su representación en el Congreso, le hace una herida difícil de curar en tan poco tiempo. La fórmula de vicepresidencia le da mayor juego dentro del partido, pero no le suma un voto afuera. ¿Le alcanzará la fuerza que estaba tomando su candidatura en la Costa? No creo.
Vargas Lleras era el tercero en el grupo perseguidor. Pero a Cambio Radical no le fue bien en las elecciones de Congreso. Es difícil saber qué tanto lo afectara ese resultado y si la designación de una formidable economista costeña como fórmula vicepresidencial le dará un empujón suficiente. Carga, sin embargo, con un problema de ubicación: los uribistas más duros no lo apoyan porque criticó la rerrelección y los de la oposición tampoco, porque lo perciben muy a la derecha. Vargas Lleras, sin embargo, estaba haciendo la mejor campaña. Esta golpeado, pero no puede descartarse.
Mockus dará un salto importantísimo, no sólo por los buenos resultados en las parlamentarias, sino sobre todo por el impulso que le dará la muy favorable cobertura de medios que ha recibido en estos días. Y se alimentará también de la debilidad de Fajardo. Con todo, no creo que le alcance el empujón.
Pardo ha salido fortalecido. El liberalismo mantuvo su participación en el Congreso y obtuvo 1.750.000 sufragios nada despreciables. La intención de voto por Pardo, sin embargo, es mucho menor. ¿Podrá aprovechar el aliento que le dan las parlamentarias? ¿Será capaz de superar su incapacidad de transmitir, su falta de carisma? Si lo consigue, tiene chance de ir a la segunda.
Quien tiene más posibilidades, sin duda, es Noemí Sanín. Los conservadores sacaron tres millones de votos en la consulta y dos millones trescientos en el Congreso. Con sesenta parlamentarios, son la segunda fuerza en el Congreso. Si logra mantener la unidad del partido y, sobretodo, da tranquilidad a los conservadores uribistas, será quien compita con Santos. ¡Y puede ganarle!
El partidor de la carrera presidencial está listo. Será una competencia muy reñida e incierta. De lo que no hay duda es de que habrá segunda vuelta.
Santos inicia con ventaja. Primero porque la derrota de Arias le despeja el camino simbólico: será el único candidato que la gente identifique sin ambigüedades con el presidente Uribe en un país que, como quedó probado el domingo, tiene una amplia mayoría uribista. Después, porque encabeza con holgura las encuestas y en ellas dobla a sus inmediatos competidores. Finalmente, por que empieza con una base inicial de tres millones de votos de la U en el Congreso, 28 senadores y 49 representantes. Si no se equivoca en materia grave, Santos tendrá la votación más alta en la primera vuelta.
La incógnita está en quién lo acompaña a la segunda. Las encuestas mostraban un triple empate entre Fajardo, Petro y Vargas Lleras. Fajardo, que parecía el más fuerte entre ellos, está desdibujado. La estruendosa derrota de su movimiento lo deja mal parado. Su discurso de “ni uribista ni antiuribista” ya no dice nada y no se le conocen planteamientos con los que la ciudadanía pueda identificarse. Y Mockus y los verdes le harán mella, no sólo porque ahora se presentan como una alternativa más atractiva para los independientes y el voto de opinión, sino porque le pusieron un techo a sus aspiraciones en Bogotá, bastión del voto libre. Fajardo, pues, está liquidado.
Petro era otro que se mostraba como alternativa. Sin embargo, la derrota del Polo hace ocho días, cuando perdió la tercera parte de su representación en el Congreso, le hace una herida difícil de curar en tan poco tiempo. La fórmula de vicepresidencia le da mayor juego dentro del partido, pero no le suma un voto afuera. ¿Le alcanzará la fuerza que estaba tomando su candidatura en la Costa? No creo.
Vargas Lleras era el tercero en el grupo perseguidor. Pero a Cambio Radical no le fue bien en las elecciones de Congreso. Es difícil saber qué tanto lo afectara ese resultado y si la designación de una formidable economista costeña como fórmula vicepresidencial le dará un empujón suficiente. Carga, sin embargo, con un problema de ubicación: los uribistas más duros no lo apoyan porque criticó la rerrelección y los de la oposición tampoco, porque lo perciben muy a la derecha. Vargas Lleras, sin embargo, estaba haciendo la mejor campaña. Esta golpeado, pero no puede descartarse.
Mockus dará un salto importantísimo, no sólo por los buenos resultados en las parlamentarias, sino sobre todo por el impulso que le dará la muy favorable cobertura de medios que ha recibido en estos días. Y se alimentará también de la debilidad de Fajardo. Con todo, no creo que le alcance el empujón.
Pardo ha salido fortalecido. El liberalismo mantuvo su participación en el Congreso y obtuvo 1.750.000 sufragios nada despreciables. La intención de voto por Pardo, sin embargo, es mucho menor. ¿Podrá aprovechar el aliento que le dan las parlamentarias? ¿Será capaz de superar su incapacidad de transmitir, su falta de carisma? Si lo consigue, tiene chance de ir a la segunda.
Quien tiene más posibilidades, sin duda, es Noemí Sanín. Los conservadores sacaron tres millones de votos en la consulta y dos millones trescientos en el Congreso. Con sesenta parlamentarios, son la segunda fuerza en el Congreso. Si logra mantener la unidad del partido y, sobretodo, da tranquilidad a los conservadores uribistas, será quien compita con Santos. ¡Y puede ganarle!
jueves, 18 de marzo de 2010
Las Parlamentarias
Por Rafael Nieto Loaiza
Por cuenta del referendo rerreleccionista, un hueco negro que todo lo absorbía, estas elecciones son atípicas. Tendremos la campaña presidencial más corta de nuestra historia. El que se resbale difícilmente tendrá tiempo para volver a levantarse. Con el gigante fuera de circulación, la contienda es entre enanos y está abierta. Casi cualquiera puede ganar.
Y las elecciones parlamentarias, usualmente con dinámica propia, han sido opacadas por la polémica sobre el tercer período de Uribe. Con todo, lo que ocurra este domingo es vital:
Está en juego el control del Congreso y la gobernabilidad del próximo presidente. Si el partido de la U y el Conservador obtienen las curules que se esperan, de 28 a 31 senadores de la U y de 23 a 25 conservadores, tendrían, sin necesidad de terceros, mayoría. En la Cámara, sin embargo, seguramente necesitarán sumar los representantes de otro partido. Esa mayoría garantizaría que el nuevo presidente, si viene de la coalición de gobierno, podría impulsar su agenda legislativa sin mayores dificultades. En cambio, un jefe de gobierno que venga de otras filas lo tendrá muy difícil.
Eso nos lleva a la consulta conservadora, más cerrada que lo que esperan los noemicitas. Arias garantiza la continuidad de la coalición actual. Noemí, en cambio, ha sido equívoca. En mi opinión, si la Sanín hubiera manifestado con claridad que le apuesta a la continuidad, barrería. Pero con su ambigüedad ha conseguido que los conservadores uribistas y la gente de la U apoyen a Andrés Felipe. Tampoco la ayudará que la consulta verde se haga el mismo día: perderá una parte importante de voto de opinión, que preferirá escoger entre los tres “tenores”. Con todo, será una competencia muy reñida. La consulta conservadora será decisiva para las presidenciales.
El Partido Verde, si no alcanza el umbral, no podrá presentar candidato presidencial propio. ¿Habrá que recordar que ni el partido de Peñalosa ni el de Mockus superaron hace cuatro años ese umbral? ¿Y que en aquella ocasión ellos mismos encabezaban sus listas y ahora no? Es verdad que han aprendido la lección, que ahora Mockus y Peñalosa juegan juntos y que a ellos se suma Lucho Garzón. ¿Pero les alcanzará? La consulta para elegir candidato entre ellos alcanzará muchos más votos que sus listas al Congreso.
Intuyo que la votación por las listas de Compromiso Ciudadano será muy mala. Fajardo se equivocó al meterse en el berenjenal de las parlamentarias sin contar con partido de apoyo. Y volvió a meter la pata cuando vendió la idea de que conformaría una “selección Colombia”. Salvo algunas buenas excepciones, sus candidatos más bien harían parte de la suplencia de un campeonato de tercera. ¿Cuál será el impacto de una baja votación de sus listas al Congreso en su candidatura?
Muy a mi pesar, el PIN tendrá 7 u 8 senadores, la mayoría de ellos parientes de congresistas con problemas por parapolítica. Es verdad que la responsabilidad penal no se extienden a los familiares, pero es lamentable que aun haya ciudadanos que premien con su voto a quienes los traicionaron con conductas indignas.
El Liberalismo aspira a 20 senadores. Si llega a 15 debe celebrar. La candidatura de Rafael Pardo quedará grogui. ¿La incógnita? Cambio Radical. ¿Qué tanto los afectará los tránsfugas que terminaron en la U?
En fin, a votar. Es un deber ciudadano. Además, quien no vota después no tiene derecho a quejarse.
Por cuenta del referendo rerreleccionista, un hueco negro que todo lo absorbía, estas elecciones son atípicas. Tendremos la campaña presidencial más corta de nuestra historia. El que se resbale difícilmente tendrá tiempo para volver a levantarse. Con el gigante fuera de circulación, la contienda es entre enanos y está abierta. Casi cualquiera puede ganar.
Y las elecciones parlamentarias, usualmente con dinámica propia, han sido opacadas por la polémica sobre el tercer período de Uribe. Con todo, lo que ocurra este domingo es vital:
Está en juego el control del Congreso y la gobernabilidad del próximo presidente. Si el partido de la U y el Conservador obtienen las curules que se esperan, de 28 a 31 senadores de la U y de 23 a 25 conservadores, tendrían, sin necesidad de terceros, mayoría. En la Cámara, sin embargo, seguramente necesitarán sumar los representantes de otro partido. Esa mayoría garantizaría que el nuevo presidente, si viene de la coalición de gobierno, podría impulsar su agenda legislativa sin mayores dificultades. En cambio, un jefe de gobierno que venga de otras filas lo tendrá muy difícil.
Eso nos lleva a la consulta conservadora, más cerrada que lo que esperan los noemicitas. Arias garantiza la continuidad de la coalición actual. Noemí, en cambio, ha sido equívoca. En mi opinión, si la Sanín hubiera manifestado con claridad que le apuesta a la continuidad, barrería. Pero con su ambigüedad ha conseguido que los conservadores uribistas y la gente de la U apoyen a Andrés Felipe. Tampoco la ayudará que la consulta verde se haga el mismo día: perderá una parte importante de voto de opinión, que preferirá escoger entre los tres “tenores”. Con todo, será una competencia muy reñida. La consulta conservadora será decisiva para las presidenciales.
El Partido Verde, si no alcanza el umbral, no podrá presentar candidato presidencial propio. ¿Habrá que recordar que ni el partido de Peñalosa ni el de Mockus superaron hace cuatro años ese umbral? ¿Y que en aquella ocasión ellos mismos encabezaban sus listas y ahora no? Es verdad que han aprendido la lección, que ahora Mockus y Peñalosa juegan juntos y que a ellos se suma Lucho Garzón. ¿Pero les alcanzará? La consulta para elegir candidato entre ellos alcanzará muchos más votos que sus listas al Congreso.
Intuyo que la votación por las listas de Compromiso Ciudadano será muy mala. Fajardo se equivocó al meterse en el berenjenal de las parlamentarias sin contar con partido de apoyo. Y volvió a meter la pata cuando vendió la idea de que conformaría una “selección Colombia”. Salvo algunas buenas excepciones, sus candidatos más bien harían parte de la suplencia de un campeonato de tercera. ¿Cuál será el impacto de una baja votación de sus listas al Congreso en su candidatura?
Muy a mi pesar, el PIN tendrá 7 u 8 senadores, la mayoría de ellos parientes de congresistas con problemas por parapolítica. Es verdad que la responsabilidad penal no se extienden a los familiares, pero es lamentable que aun haya ciudadanos que premien con su voto a quienes los traicionaron con conductas indignas.
El Liberalismo aspira a 20 senadores. Si llega a 15 debe celebrar. La candidatura de Rafael Pardo quedará grogui. ¿La incógnita? Cambio Radical. ¿Qué tanto los afectará los tránsfugas que terminaron en la U?
En fin, a votar. Es un deber ciudadano. Además, quien no vota después no tiene derecho a quejarse.
martes, 2 de marzo de 2010
La fiesta de los enanos
Por Rafael Nieto Loaiza
Si el presidente Uribe hubiese declinado a tiempo su intención de aspirar a un tercer período, andaría con su popularidad por los cielos y tendría una inmensa capacidad de maniobra política, muchísimo mayor que la que tiene hoy.
Pero le calentaron los oídos y se dejó tentar. Con impredecibles consecuencias, por cierto, para la continuidad de su proyecto político. Si Uribe no hubiera albergado la esperanza de repetir, podría haberse concentrado en construir un movimiento sólido y coherente que aglutinara a todo el uribismo y garantizara la continuidad de sus políticas.
Ahora, en cambio no hay seguridad de que sea un uribista quien suceda al Presidente. La aspiración presidencial reventó la coalición de gobierno. Vargas Lleras se apartó de ella en búsqueda de su propia candidatura. Y un sector del conservatismo, con Pastrana a la cabeza, decidió enfrentar a Uribe.
Sin el Presidente en la papeleta, el partidor quedó abierto y hay oportunidades para casi todos los aspirantes. Y para las coaliciones. Ninguno tiene, ni de lejos, fuerza suficiente para ganar en primera vuelta en mayo, de manera que todos necesitarán alianzas para triunfar en junio.
Será clave verificar si la división política actual es de carácter personal o si es ideológica. Si giraba en torno del Presidente, el retiro de Uribe significaría barajar y repartir de nuevo, con la posibilidad de alianzas entre, por ejemplo, el liberalismo y el partido de la U. Y, si el origen partidista retoma fuerzas, Cambio Radical.
Pero si es ideológica, como creo, habrá una tendencia natural a mantener las líneas divisorias actuales. El liberalismo, que desde Samper ha decidido jugarse a la centro izquierda, encontraría afinidades con Petro, el partido Verde y, sospecho, con Fajardo, quien más temprano que tarde tendrá que empezar a asumir posiciones. Desde el centro a la derecha, el conservatismo y la U jugarían juntos. Y con ellos, Vargas Lleras, si logra superar los celos y antipatías que tiene con Juan Manuel Santos.
En este caso, es definitivo lo que ocurra en la consulta conservadora. Arias ha dicho de manera inequívoca que está dispuesto a jugar con la U. Pero Noemí ha hecho mutis. Por eso es probable que uribistas no conservadores apoyen a Arias en la consulta. Por lo mismo, muchos en la oposición estarán dispuestos a votar por Noemí, en la convicción de que su triunfo en la consulta enreda a la actual coalición de gobierno. Esa estrategia puede serle inicialmente útil a Noemí, en especial porque Arias, que tiene mayor fuerza parlamentaria, ha sufrido un enorme desgaste de opinión por cuenta del escándalo de Agro Ingreso Seguro.
Pero Noemí se equivocaría de plano si cree que los sufragios de la consulta permanecerán para la primera vuelta. Ahí todos votarán por los candidatos más cercanos a sus afectos y a sus convicciones. Y Noemí necesitará hacer explícita su intención de buscar una alianza con Santos, si quiere que los votos de conservatismo uribista se inclinen por ella y no por Juan Manuel. Peor: si Noemí deja abierta la puerta para una alianza con la oposición, el conservatismo se fracturará. No tengo duda alguna de que un sector mayoritario del conservatismo, el mismo que votó por Uribe en el 2002 y en el 2006, dejaría el partido y terminaría en las huestes juanmanuelistas.
En fin, es un nuevo juego. Ido Gulliver, hacen fiesta los enanos.
Si el presidente Uribe hubiese declinado a tiempo su intención de aspirar a un tercer período, andaría con su popularidad por los cielos y tendría una inmensa capacidad de maniobra política, muchísimo mayor que la que tiene hoy.
Pero le calentaron los oídos y se dejó tentar. Con impredecibles consecuencias, por cierto, para la continuidad de su proyecto político. Si Uribe no hubiera albergado la esperanza de repetir, podría haberse concentrado en construir un movimiento sólido y coherente que aglutinara a todo el uribismo y garantizara la continuidad de sus políticas.
Ahora, en cambio no hay seguridad de que sea un uribista quien suceda al Presidente. La aspiración presidencial reventó la coalición de gobierno. Vargas Lleras se apartó de ella en búsqueda de su propia candidatura. Y un sector del conservatismo, con Pastrana a la cabeza, decidió enfrentar a Uribe.
Sin el Presidente en la papeleta, el partidor quedó abierto y hay oportunidades para casi todos los aspirantes. Y para las coaliciones. Ninguno tiene, ni de lejos, fuerza suficiente para ganar en primera vuelta en mayo, de manera que todos necesitarán alianzas para triunfar en junio.
Será clave verificar si la división política actual es de carácter personal o si es ideológica. Si giraba en torno del Presidente, el retiro de Uribe significaría barajar y repartir de nuevo, con la posibilidad de alianzas entre, por ejemplo, el liberalismo y el partido de la U. Y, si el origen partidista retoma fuerzas, Cambio Radical.
Pero si es ideológica, como creo, habrá una tendencia natural a mantener las líneas divisorias actuales. El liberalismo, que desde Samper ha decidido jugarse a la centro izquierda, encontraría afinidades con Petro, el partido Verde y, sospecho, con Fajardo, quien más temprano que tarde tendrá que empezar a asumir posiciones. Desde el centro a la derecha, el conservatismo y la U jugarían juntos. Y con ellos, Vargas Lleras, si logra superar los celos y antipatías que tiene con Juan Manuel Santos.
En este caso, es definitivo lo que ocurra en la consulta conservadora. Arias ha dicho de manera inequívoca que está dispuesto a jugar con la U. Pero Noemí ha hecho mutis. Por eso es probable que uribistas no conservadores apoyen a Arias en la consulta. Por lo mismo, muchos en la oposición estarán dispuestos a votar por Noemí, en la convicción de que su triunfo en la consulta enreda a la actual coalición de gobierno. Esa estrategia puede serle inicialmente útil a Noemí, en especial porque Arias, que tiene mayor fuerza parlamentaria, ha sufrido un enorme desgaste de opinión por cuenta del escándalo de Agro Ingreso Seguro.
Pero Noemí se equivocaría de plano si cree que los sufragios de la consulta permanecerán para la primera vuelta. Ahí todos votarán por los candidatos más cercanos a sus afectos y a sus convicciones. Y Noemí necesitará hacer explícita su intención de buscar una alianza con Santos, si quiere que los votos de conservatismo uribista se inclinen por ella y no por Juan Manuel. Peor: si Noemí deja abierta la puerta para una alianza con la oposición, el conservatismo se fracturará. No tengo duda alguna de que un sector mayoritario del conservatismo, el mismo que votó por Uribe en el 2002 y en el 2006, dejaría el partido y terminaría en las huestes juanmanuelistas.
En fin, es un nuevo juego. Ido Gulliver, hacen fiesta los enanos.
lunes, 1 de febrero de 2010
Los capichos de la suprema
Por Rafael Nieto Loaiza
Por fin el jueves pasado la Corte Suprema entró a votar para escoger al nuevo Fiscal General de la Nación. De ese hecho se desprenden varias consecuencias.
La primera, que no tendremos Fiscal penalista. En contra de lo que sostuvieron los actuales Presidente y Vicepresidente de la Corte en diversas entrevistas, la mayoría del alto tribunal cree que la de ser experto en derecho penal no es una condición necesaria para desempeñar el cargo de Fiscal General. Era lo que habíamos dicho algunos, basados en que ese requisito no estaba en la Constitución o en las leyes, y en que en ocasión anterior, aun después de la entrada en vigencia del nuevo sistema penal acusatorio, la Corte había elegido fiscal lego en la materia. Mario Iguarán nunca fue abogado experto en derecho criminal.
La segunda, que se puede haber sido funcionario del gobierno que postula sin que ello signifique quedar vetado para ser elegido Fiscal. Camilo Ospina fue secretario jurídico de Palacio, ministro de Defensa y embajador en la OEA. La Corte parece haber reconocido que la independencia y autonomía del Fiscal, entonces, depende del carácter del nominado y no de que el candidato haya sido o no empleado del alto gobierno.
Tercera, que los llamados “estándares internacionales” que se alegaron para no elegir Fiscal no eran tales. Para empezar, por que lo que se arguyó como fundamento de tales “estándares” no eran tratados internacionales obligatorios para Colombia. De hecho, no eran siquiera normas de derecho internacional de otro tipo. Eran apenas algunas sugerencias de expertos de distintos países. Para peor, ni siquiera establecían que los fiscales tuviesen que ser penalistas o que no pudieran haber sido funcionarios de gobierno.
Cuarta, que la terna sí era “viable”, a pesar de las declaraciones en contrario de algunos magistrados. En distintos momentos, tras las renuncias de dos de los nominados, insistieron en que toda la terna debía retirarse. Pues bien, ahí sigue como candidato Ospina, el único de los tres postulados originales que sobrevivió la feroz embestida de los magistrados radicales y de sus acólitos en los medios de comunicación.
Como resultado, es posible sostener que exigir las condiciones de experto penalista y no haber sido funcionario de gobierno y declarar la “inviabilidad” de la terna fueron decisiones que no tenían fundamento internacional, constitucional o legal. No sobra recordar que el ámbito de libertad de los funcionarios públicos es reglado y limitado. Es decir, los funcionarios públicos, cuando actúan como tales, sólo pueden hacer lo que la Constitución y las leyes les ordenan. Ni más, ni menos. De manera que pedir requisitos adicionales a los que establece la Constitución para los candidatos a Fiscal General y declarar la “inviabilidad” de una terna que reunía las características exigidas en la Carta Política fueron decisiones calificables de arbitrarias y caprichosas.
Eso, en mi opinión, es lo más desafortunado de este episodio, por cierto no resuelto del todo hasta que se elija Fiscal en propiedad. A mi tampoco, lo dije en su momento, me gustaban algunos de los candidatos originales. Y los nuevos me parecen mucho mejores. Pero los órganos públicos no pueden actuar de acuerdo con sus gustos sino con lo que el orden jurídico ordena. Más grave aún si quien actúa por capricho (esperemos que no por política) es la más alta instancia de la justicia civil.
Por fin el jueves pasado la Corte Suprema entró a votar para escoger al nuevo Fiscal General de la Nación. De ese hecho se desprenden varias consecuencias.
La primera, que no tendremos Fiscal penalista. En contra de lo que sostuvieron los actuales Presidente y Vicepresidente de la Corte en diversas entrevistas, la mayoría del alto tribunal cree que la de ser experto en derecho penal no es una condición necesaria para desempeñar el cargo de Fiscal General. Era lo que habíamos dicho algunos, basados en que ese requisito no estaba en la Constitución o en las leyes, y en que en ocasión anterior, aun después de la entrada en vigencia del nuevo sistema penal acusatorio, la Corte había elegido fiscal lego en la materia. Mario Iguarán nunca fue abogado experto en derecho criminal.
La segunda, que se puede haber sido funcionario del gobierno que postula sin que ello signifique quedar vetado para ser elegido Fiscal. Camilo Ospina fue secretario jurídico de Palacio, ministro de Defensa y embajador en la OEA. La Corte parece haber reconocido que la independencia y autonomía del Fiscal, entonces, depende del carácter del nominado y no de que el candidato haya sido o no empleado del alto gobierno.
Tercera, que los llamados “estándares internacionales” que se alegaron para no elegir Fiscal no eran tales. Para empezar, por que lo que se arguyó como fundamento de tales “estándares” no eran tratados internacionales obligatorios para Colombia. De hecho, no eran siquiera normas de derecho internacional de otro tipo. Eran apenas algunas sugerencias de expertos de distintos países. Para peor, ni siquiera establecían que los fiscales tuviesen que ser penalistas o que no pudieran haber sido funcionarios de gobierno.
Cuarta, que la terna sí era “viable”, a pesar de las declaraciones en contrario de algunos magistrados. En distintos momentos, tras las renuncias de dos de los nominados, insistieron en que toda la terna debía retirarse. Pues bien, ahí sigue como candidato Ospina, el único de los tres postulados originales que sobrevivió la feroz embestida de los magistrados radicales y de sus acólitos en los medios de comunicación.
Como resultado, es posible sostener que exigir las condiciones de experto penalista y no haber sido funcionario de gobierno y declarar la “inviabilidad” de la terna fueron decisiones que no tenían fundamento internacional, constitucional o legal. No sobra recordar que el ámbito de libertad de los funcionarios públicos es reglado y limitado. Es decir, los funcionarios públicos, cuando actúan como tales, sólo pueden hacer lo que la Constitución y las leyes les ordenan. Ni más, ni menos. De manera que pedir requisitos adicionales a los que establece la Constitución para los candidatos a Fiscal General y declarar la “inviabilidad” de una terna que reunía las características exigidas en la Carta Política fueron decisiones calificables de arbitrarias y caprichosas.
Eso, en mi opinión, es lo más desafortunado de este episodio, por cierto no resuelto del todo hasta que se elija Fiscal en propiedad. A mi tampoco, lo dije en su momento, me gustaban algunos de los candidatos originales. Y los nuevos me parecen mucho mejores. Pero los órganos públicos no pueden actuar de acuerdo con sus gustos sino con lo que el orden jurídico ordena. Más grave aún si quien actúa por capricho (esperemos que no por política) es la más alta instancia de la justicia civil.
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Constitución,
Corte Suprema,
Mario Iguarán,
OEA
martes, 19 de enero de 2010
EN DEFENSA DEL PROCURADOR
Por Rafael Nieto Loaiza
¿Porqué los mismos medios y los mismos políticos que ensalzaron al Procurador General por el concepto que llevó a la Comisión Nacional de Televisión a suspender el proceso del tercer canal ahora lo acusan de uribista recalcitrante y de estar vendido al Gobierno? ¿Porqué sostenían que su posición en relación con el proceso del tercer canal era obligatoria y vinculante y ahora sostienen que, en relación con el referendo, es apenas opinión deleznable y no tiene valor jurídico alguno? ¿Porqué asumen que si la Corte Constitucional hunde el referendo es salvadora de la democracia, pero si le da su visto bueno es porque estaba comprada por el Ejecutivo?
Advierto que no estuve de acuerdo con el concepto del Procurador en relación con el tercer canal (no creo que haya fundamento jurídico para sostener que una licitación en la que se presenta un único proponente sea contraria al orden constitucional y legal). Tampoco lo estoy con su opinión en relación con el referendo (por un lado, incluso el pueblo y las asambleas constituyentes tienen límites para sus decisiones. La soberanía popular encuentra su frontera en los derechos y libertades humanas. Por el otro, la violación de los mecanismos de financiación de campañas debe tener sanciones que trasciendan las responsabilidades individuales). Pero indigna ver el descarado doble estándar con se le juzga y se evalúan sus actuaciones. Si convienen a los intereses de los opinadores, las posiciones de la Procuraduría son dignas de elogio y obligatorias y el Procurador casi un héroe nacional. Pero si no les gustan, el Procurador es un “godo reaccionario y camandulero” y sus opiniones son una “vergüenza”.
Lo cierto es que el Procurador fue elegido por votación abrumadora de congresistas no sólo uribistas sino de todos los partidos (Liberal y Polo incluidos) y sus posiciones ideológicas eran entonces ampliamente conocidas. El Procurador sólo ha sido consecuente con su trayectoria previa, algo que, de entrada, merece respeto y reconocimiento en un país lleno de insulsos, saltimbanquis y tránsfugas. Y aunque en ocasiones no se esté de acuerdo con él (he dicho ya que no lo estoy en dos temas de fundamental importancia), hay que admitir que sus opiniones son razonables y jurídicamente sustentadas. No es posible decir, además, que el Procurador le hace el juego al Presidente. Unas veces, como en el asunto del referendo, lo benefician. Pero en otras, como en el ejemplo del tercer canal, va en contravía de lo que el Gobierno quisiera.
De manera que lo que debe hacerse frente al Procurador es debatir sus argumentos y sus posiciones, incluso con vehemencia, pero no descalificarlo a él como persona o como jurista. El debate de ideas es lo propio de las democracias. No lo son el insulto y la descalificación personal y a priori.
Lo mismo, por cierto, es necesario con la Corte Constitucional. Con el añadido de que debería haber un consenso mínimo, social y político, en aceptar lo que la Corte tenga para decir sobre el referendo, sea cual sea su posición final y sea cual sea el margen de los ganadores. Preservar la legitimidad de la Corte es tan importante, en mi opinión, como su opinión sobre el referendo y sus resultados políticos. Sería fatal en términos de la institucionalidad democrática si como resultado de la búsqueda de la segunda reelección, además, nos llevamos entre las patas al árbitro constitucional.
¿Porqué los mismos medios y los mismos políticos que ensalzaron al Procurador General por el concepto que llevó a la Comisión Nacional de Televisión a suspender el proceso del tercer canal ahora lo acusan de uribista recalcitrante y de estar vendido al Gobierno? ¿Porqué sostenían que su posición en relación con el proceso del tercer canal era obligatoria y vinculante y ahora sostienen que, en relación con el referendo, es apenas opinión deleznable y no tiene valor jurídico alguno? ¿Porqué asumen que si la Corte Constitucional hunde el referendo es salvadora de la democracia, pero si le da su visto bueno es porque estaba comprada por el Ejecutivo?
Advierto que no estuve de acuerdo con el concepto del Procurador en relación con el tercer canal (no creo que haya fundamento jurídico para sostener que una licitación en la que se presenta un único proponente sea contraria al orden constitucional y legal). Tampoco lo estoy con su opinión en relación con el referendo (por un lado, incluso el pueblo y las asambleas constituyentes tienen límites para sus decisiones. La soberanía popular encuentra su frontera en los derechos y libertades humanas. Por el otro, la violación de los mecanismos de financiación de campañas debe tener sanciones que trasciendan las responsabilidades individuales). Pero indigna ver el descarado doble estándar con se le juzga y se evalúan sus actuaciones. Si convienen a los intereses de los opinadores, las posiciones de la Procuraduría son dignas de elogio y obligatorias y el Procurador casi un héroe nacional. Pero si no les gustan, el Procurador es un “godo reaccionario y camandulero” y sus opiniones son una “vergüenza”.
Lo cierto es que el Procurador fue elegido por votación abrumadora de congresistas no sólo uribistas sino de todos los partidos (Liberal y Polo incluidos) y sus posiciones ideológicas eran entonces ampliamente conocidas. El Procurador sólo ha sido consecuente con su trayectoria previa, algo que, de entrada, merece respeto y reconocimiento en un país lleno de insulsos, saltimbanquis y tránsfugas. Y aunque en ocasiones no se esté de acuerdo con él (he dicho ya que no lo estoy en dos temas de fundamental importancia), hay que admitir que sus opiniones son razonables y jurídicamente sustentadas. No es posible decir, además, que el Procurador le hace el juego al Presidente. Unas veces, como en el asunto del referendo, lo benefician. Pero en otras, como en el ejemplo del tercer canal, va en contravía de lo que el Gobierno quisiera.
De manera que lo que debe hacerse frente al Procurador es debatir sus argumentos y sus posiciones, incluso con vehemencia, pero no descalificarlo a él como persona o como jurista. El debate de ideas es lo propio de las democracias. No lo son el insulto y la descalificación personal y a priori.
Lo mismo, por cierto, es necesario con la Corte Constitucional. Con el añadido de que debería haber un consenso mínimo, social y político, en aceptar lo que la Corte tenga para decir sobre el referendo, sea cual sea su posición final y sea cual sea el margen de los ganadores. Preservar la legitimidad de la Corte es tan importante, en mi opinión, como su opinión sobre el referendo y sus resultados políticos. Sería fatal en términos de la institucionalidad democrática si como resultado de la búsqueda de la segunda reelección, además, nos llevamos entre las patas al árbitro constitucional.
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